Ante ti tienes un sitio web que pretende responder y llamar. Es justa la demanda de cuantos muestran interés por conocer el estado actual de los "lugares santos" de Palestina. Desde la Comisaría de Tierra Santa en Cádiz (España), delegación oficial para la relación, propaganda y organización de peregrinaciones a la tierra de Jesús, queremos daros a conocer la presencia y el trabajo de los franciscanos en aquella Iglesia.

Noticias de la Custodia de Tierra Santa

sábado, 3 de enero de 2009

Los Santos Lugares y el Status Quo

Para comprender mejor estas dos palabras latinas, Statu quo, que tanto se repiten en la historia de los Santos Lugares, es menester aclarar antes ciertos particulares.

Existen dos categorías de lugares santos: unos que son de pertenencia exclusiva bien de los católicos o bien de los ortodoxos; y otros cuya propiedad es común a varias y determinadas comunidades cristianas que ejercen contemporáneamente "derechos" de propiedad y culto, como sucede en la Basílica del Santo Sepulcro y en la Basílica y Gruta de la Natividad. Es precisamente a esta segunda clase de lugares santos que se aplica el régimen del "statu quo", y consiste en no hacer ninguna innovación, en dejar las cosas "en el estado en que estaban antes" (in statu quo ante). El simple hecho de cambiar un candelero o de barrer una escalera puede constituir, por parte del copropietario, una infracción del Statu quo para su rival si éste considera que dicha acción va encaminada a despojarle de su derecho. Un poco de historia nos hará comprender mejor el por qué de todo esto.

Hacía ya un siglo que el clero católico había desaparecido de Jerusalén cuando en 1335, Roberto de Anjou, rey de Nápoles, compró los principales santuarios al sultán de Egipto y los entregó a los franciscanos. Estos, a pesar de todas las dificultades, debidas sobre todo a explosiones de fanatismo local, permanecieron en posesión de los santuarios durante más de dos siglos. Los primeros despojos ocurrieron en 1551 coincidiendo con la venida a Palestina de los monjes helenos que suplantaron al clero indígena, y terminaron en 1673. En 1660 los franciscanos habían logrado recuperar los santuarios usurpados gracias a la intervención de Luis XIV, rey de Francia. Como cabía esperar, los monjes helenos de la Confraternidad del Santo Sepulcro, tornaron pronto a la carga, y, en 1757, víspera del Domingo de Ramos, conforme a un plan bien meditado y ayudados por el populacho griego-ortodoxo local, irrumpieron en la Basílica del Santo Sepulcro cometiendo toda clase de vandalismos. No contentos con esto, se presentaron ante las autoridades turcas como víctimas, acusando a los franciscanos de toda clase de intrigas. Es así como arrancaron de la Sublime Puerta el inicuo firmán que asignaba a los griegos, de un plumazo, la Basílica de Belén, la Tumba de la Virgen, más participación con los franciscanos en el Edículo del Santo Sepulcro y Piedra de la Unción. Los esfuerzos de las potencias católicas para hacer revocar este decreto fueron nulos. El Gran Visir, hostil a los católicos latinos, dijo al embajador de Francia en Constantinopla, Vergennes: "Estos lugares pertenecen a mi señor el sultán, y él los da a quien quiere. Es posible que hayan estado siempre en poder de los francos (así se designaba a los católicos latinos en oriente) pero ahora mi señor quiere que sean de los griegos". Hubo otras tentativas por parte de las potencias católicas para hacer revocar este decreto, y casi estuvieron a punto de conseguirlo, pero la intervención rusa -constituida en protectora de los ortodoxos- frustró toda esperanza.

El sultán de Constantinopla, cediendo a la presión rusa, emanó entonces el famoso decreto de 1852, que estipulaba que nada se cambiase al actual estado de cosas. Este decreto, conocido con el nombre de Statu quo, sigue todavía en vigor.

Desde entonces los particulares del Statu quo han sido compilados detalladamente en los registros de las diversas comunidades interesadas, pero, desgraciadamente, ni los franciscanos ni las potencias católicas han podido obtener ninguna codificación oficial de los respectivos derechos. Hay que atenerse, pues, a un modus vivendi, que cada uno de los copropietarios considera como intangible y por cuya aplicación vigila con suma diligencia.

Durante el período del Mandato (1918-1948), Inglaterra se atuvo a la aplicación del Statu quo, aunque más de una vez hubo de ser reprochada por la Sociedad de las Naciones por falta de firmeza en dirimir las cuestiones y por la parcialidad que a veces mostró en las mismas.

Jordania, que ocupaba hasta primeros de junio de 1967 la Ciudad Vieja y Belén, siguió la misma política de Inglaterra en lo referente al Statu quo. El Estado de Israel, que controla desde junio 1967 el territorio donde se alzan estos santuarios, ha manifestado desde un principio el propósito de respetar y aplicar las cláusulas del Statu quo.

El mundo católico tiene que felicitarse por la firmeza y valentía de los franciscanos, que han sabido defender, en cuerpo y alma, los derechos de los católicos en los Santos Lugares

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